Estamos ante una interesantísima muestra de correspondencia de Pablo. Siempre me asustó entrar en obra tan compleja, donde se encuentran abundantes páginas antológicas, de una calidad cristiana inigualable, una creación de lenguaje teológico muy importante, aunque no exento a veces de esa retórica que se prestará a que, más tarde o más temprano, se convierta en tópico litúrgico, lenguaje convencional piadoso con notables mutaciones semánticas o afirmación teológica rotunda que no tiene en cuenta la eventualidad del momento en que se escribió. Después están todas esas secciones personales que abarcan imposiciones, consejos, desahogos, descalificaciones, autojustificaciones... Y todo esto desde un hombre que ama profundamente a Jesucristo, siempre expuesto por él a toda clase de vejaciones y peligros. Difícilmente encontraremos una obra más humana y más difícil de enjuiciar, más llena de inspiración, de vida, de temperamento, de luces y sombras y de fe. Como en mis anteriores ensayos del N.T., he estudiado la obra y lo que de ella se viene diciendo, pero después me he enfrentado en mi ensayo con el texto desnudo, huyendo de toda erudición bibliográfica, si exceptuamos aquellas citas que aclaran conclusiones personales a las que ha llegado tal o cual exegeta, de quien me siento deudor, para evitar así que el lector pueda errar atribuyéndome a mí lo que no es mío.

07- La obra de Pablo. I Correspondencia con Acaya y Galacia

SKU: 9788412315776
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  • BENITO ACOSTA:

    Nació en Zalamea de la Serena (Badajoz) el 14 de marzo de 1937, en plena guerra incivil.  El año 1952, entró en el Seminario Diocesano de San Atón. Se ordenó el 7 de abril de 1962 y su primera misión fue la de coadjutor de Aceuchal. Allí la gente más humilde le enseñó unas páginas de teología que no estaban en los libros. Fue después párroco de una pequeña aldea de la zona que había sido portuguesa, Táliga, donde los pobres le siguieron enseñando teología. Tras una estancia forzada en Melilla, fue párroco de La Morera, un pueblo pequeñito, donde pudo conocer a cada habitante, casa por casa, por su nombre. Se incorporó a la diócesis de Málaga, como párroco de Mollina, que fue para  él como estrenar su ministerio, con la alegría de contar con un equipo magnífico de compañeros. El pueblo siguió siendo su gran maestro, junto con el Evangelio. Después de diez años en Villanueva de Algaidas, pasó un largo tiempo en una barriada humilde de Málaga ciudad, Granja de Suárez, una parroquia muy peculiar. En este tiempo tuvo la oportunidad de publicar bastante material del que había ido trabajando desde que se ordenó, escrito fundamentalmente de noche, en las horas en que podía trabajar más tranquilo. Actualmente, sus mayores satisfacciones provienen de un trato muy cordial con nigerianos, donde encontró una gente encantadora de fe sencilla, de los que ha seguido aprendiendo mucho cada día. Actualmente está jubilado y vive en una residencia de ancianos.

  • 408 PÁGINAS

    TAMAÑO A5

    ENCUADERNACIÓN RÚSTICA.