En este libro nos acercamos al primer evangelio escrito y con él comencé mis “Ensayos sobre los textos de la Nueva Alianza”. Una obra muy importante como iniciadora de un estilo misionero y del género literario “evangelio”, que consiste en presentar una teología narrativa de tal modo que lo que se cuenta es metáfora, es decir, significante de cómo es Jesús y su proyecto, que es el auténtico significado de tal escrito. Aunque Éste es el proyecto que se llevó a cabo en los cuatro evangelistas, ninguno como Marcos lo intentó desarrollar como medio exclusivo de expresión. Tengamos en cuenta que el único discurso relativamente extenso tiene como núcleo una parábola que intenta explicar las reacciones diversas ante la palabra (“El sembrador”). Me ha cautivado es estilo que tiene la aspereza de sus trazos gruesos, de color salvaje, que no se acoquina ante una expresión que rompe los moldes del clasicismo y dice lo que tiene que decir, con la palabra con la que no lo diría ningún esteta, pero él sí; un lenguaje en el que no le importará repetir las veces que sea un mismo término, pero que tomará todos los sinónimos posibles para describir matices; un lenguaje con diminutivos afectivos y populares, continuamente deíctico para introducir al lector en la escena, con viñetas formando grupos para componer escenas en quiasmo y resaltar así lo que cree conveniente. En fin, es una delicia tomar una hora y pico para leerlo de cabo a rabo y después releer muchas veces escenas sueltas y descubrir lo que quiere decirnos.

01-La obra de Marcos. El Evangelio de los pobres

SKU: 9788412300574
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  • BENITO ACOSTA:

    Nació en Zalamea de la Serena (Badajoz) el 14 de marzo de 1937, en plena guerra incivil.  El año 1952, entró en el Seminario Diocesano de San Atón. Se ordenó el 7 de abril de 1962 y su primera misión fue la de coadjutor de Aceuchal. Allí la gente más humilde le enseñó unas páginas de teología que no estaban en los libros. Fue después párroco de una pequeña aldea de la zona que había sido portuguesa, Táliga, donde los pobres le siguieron enseñando teología. Tras una estancia forzada en Melilla, fue párroco de La Morera, un pueblo pequeñito, donde pudo conocer a cada habitante, casa por casa, por su nombre. Se incorporó a la diócesis de Málaga, como párroco de Mollina, que fue para  él como estrenar su ministerio, con la alegría de contar con un equipo magnífico de compañeros. El pueblo siguió siendo su gran maestro, junto con el Evangelio. Después de diez años en Villanueva de Algaidas, pasó un largo tiempo en una barriada humilde de Málaga ciudad, Granja de Suárez, una parroquia muy peculiar. En este tiempo tuvo la oportunidad de publicar bastante material del que había ido trabajando desde que se ordenó, escrito fundamentalmente de noche, en las horas en que podía trabajar más tranquilo. Actualmente, sus mayores satisfacciones provienen de un trato muy cordial con nigerianos, donde encontró una gente encantadora de fe sencilla, de los que ha seguido aprendiendo mucho cada día. Actualmente está jubilado y vive en una residencia de ancianos.

  • 639 PÁGINAS

    TAMAÑO A5

    ENCUADERNACIÓN RÚSTICA.